Otra vez las retenciones: Un análisis como país, y no solamente atentos a los intereses de un sector aislado

Las primeras opiniones sobre el anuncio gubernamental de una reducción a las retenciones (técnicamente: “Derechos de exportación”), traen alguna insatisfacción, al expresar: la baja de las retenciones “no soluciona el 100 por ciento de los problemas, pero sí representa un camino que ningún gobierno anterior había marcado, que era ir eliminando las retenciones paulatinamente hasta quedar en cero y mantener ese cero a lo largo del tiempo”.

La declaración tiene errores e incomprensiones insalvables, de origen, ha habido gobiernos que han quitado y reducido el sistema y modificado alícuotas muchas veces, durante la Convertibilidad del peso por ejemplo, se eliminaron para muchos productos agropecuarios, restaurándose tras la ruptura de un peso un dólar en 2002, del mismo modo, la administración de Mauricio Macri eliminó las mismas para el trigo, maíz y girasol y las redujo para la soja, debiendo revertir ante la crisis de 2018.

Es por esta razón que al instalarse nuevamente su reducción, y gran parte del sector agropecuario celebrar este hecho, pero considerarlo insuficiente porque básicamente no compensa el relevante aumento que han experimentado en sus costos (combustibles, energía, fertilizantes e insumos en general), y volver a insistir en su anulación definitiva,  el debate es oportuno.

En verdad que sobre el régimen de retenciones existe una gran incomprensión. Los quejosos del sector agropecuario tienen razones fundamentadas para ver con desprecio el método, tal vez pocos han explicado que las retenciones no deben analizarse solamente como un impuesto pesado sino que está sobre la mesa un intento de cambio de estructura productiva y también el desarrollo económico del país.

Las retenciones son entonces un instrumento de política económica, lamentablemente son usadas solamente para obtener recursos tributarios de un Estado insaciable y arrojado al saco sin fondo del déficit fiscal.

Ante una realidad de apertura indiscriminada de la economía, es imprescindible establecer un mecanismo de tipos de cambio diferenciales, de modo tal que toda la eficiencia y productividad del sector agropecuario nivele, mecanismo de retenciones de por medio, a los demás sectores que no lo son tanto por el momento.

La existencia de las retenciones surge entonces en la realidad sobre que el precio de los productos agropecuarios comparados o respecto de las manufacturas industriales son distintos a nivel internacional. Esta realidad económica, debe ser solucionada de alguna forma práctica. El fenómeno no es solamente argentino, los países desarrollados aplican la solución de manera inversa, es decir, subsidian la actividad primaria (como Francia por ejemplo), de no hacerlo, la actividad agropecuaria tendería a desaparecer, y tanto una como la otra son indispensables y complementarias.

Continuando con el razonamiento, los países europeos subsidian la producción agropecuaria, si no lo hicieran, colapsaría la actividad, y lo hacen con los grandes excedentes de la industria, y hasta el día de hoy, no observamos al sector industrial objetar el modelo vigente.

Resumiendo, todos los países aplican instrumentos y mecanismos para lograr un objetivo (derechos de exportación, aranceles para importación, tipos de cambio, restricciones para-arancelarias).

Son las retenciones a las exportaciones agropecuarias la forma en que los distintos gobiernos resolvieron parcialmente el problema de las asimetrías de nuestra “estructura productiva desequilibrada” definida por Marcelo Diamand.

Si Argentina lograra con políticas de desarrollo adecuadas y firmes una estructura económica donde ambos sectores campo e industria empujaran de manera pareja, simultánea y sostenida,  entonces sí, esas retenciones serian inútiles y estaríamos pujando aquí por su quita definitiva.

El problema de las retenciones pasa a ser entonces una cuestión de debate nacional, y no de un sector en particular. Se deja de lado que se trata solamente de un impuesto pesado y hasta confiscatorio para el sector agropecuario para pasar a ser un instrumento estratégico, siendo un elemento de política económica que equilibra los tipos de cambio, es decir un tipo de cambio DESARROLLISTA. Con esta visión deben ser focalizadas las “retenciones”, y deberían ser usadas como lo que deberían ser, un intento de equilibrar e integrar nuestra estructura económica subdesarrollada.

Por: UBALDO ROBERTO DOMINGO.

25/05/2026.

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