La eficiencia como acusación (La ley de Brandolini)

Por: Alejandro Di Palma
Presidente CAPEMPPOR
Mayo 2026

Refutar una mentira cómoda exige más trabajo que inventarla. Este es ese trabajo.
Existe un principio formulado en 2013 por el programador italiano Alberto Brandolini que describe con precisión quirúrgica la situación que enfrenta hoy el productor primario porcino argentino, “la cantidad de energía necesaria para refutar una afirmación falsa es, sistemáticamente, un orden de magnitud mayor que la energía requerida para producirla”.
Nuestros adversarios en esta polémica tienen una ventaja clara, y es que pueden expresar en pocas palabras una verdad a medias. Nosotros, para desmontar esa “media verdad”, nos vemos obligados a elaborar largas y áridas disertaciones.
Lo que sigue es exactamente eso. Y pedimos disculpas de antemano por la extensión (no por el contenido).

LA ACUSACIÓN DE SIEMPRE

El diagnóstico que circula entre “analistas de mercado” es tan simple como cómodo, el productor primario porcino es ineficiente.
Si no puede sostenerse con los precios actuales, el problema no está en el sistema. ESTÁ EN ÉL… EL MERCADO LO SELECCIONÓ… LA COMPETENCIA LO DEPURÓ… LEY NATURAL.
Es un argumento con una virtud retórica envidiable, CONVIERTE A LA VÍCTIMA EN CULPABLE. Y tiene, además, la elegancia adicional de no requerir ninguna prueba.
SE ENUNCIA… SE REPITE… Y SOLO POR REPETICIÓN, SE INSTALA.
El problema es que los números (los reales, los que surgen de facturas comerciales, de índices públicos, de convenios salariales y de precios de mercado de granos, etc.) cuentan una historia completamente diferente.

LO QUE LOS NÚMEROS DEMUESTRAN … TRES AÑOS, UNA SOLA DIRECCIÓN
Este no es el relato de un año difícil (2025). Es la documentación de una tendencia sostenida durante tres años consecutivos, y siempre en el mismo sentido.
En 2024, el PORMAG (el índice que hasta ahora define el precio del capón en pie, único ingreso del productor primario) aumentó un 31,78%. Ese año, la inflación general fue del 117,8%. El productor cobró menos de la tercera parte de lo que subieron los precios de la economía.
En 2025, el PORMAG subió un 12,22%. La inflación general cerró en 31,5%. El maíz (insumo que representa entre el 60% y el 70% del costo de producción) aumentó un 50,79%. La harina de soja un 75,44%. El gasoil, un 39,5%. El precio del pollo en pie que recibe el productor avícola integrado, un 35%. Los chacinados elaborados con la materia prima que ese productor vende subieron en promedio un 43,8%.
Todos y cada uno de los costos del productor primario crecieron por encima de sus ingresos. NO UNO, NO DOS… TODOS.
En lo que va de 2026, el patrón se repite sin modificaciones. Entre enero y abril, el IPC acumuló 12,56% (con mayo proyectado en un 2,5% adicional), el acumulado rozaría el 15,17%. En el mismo período, el PORMAG avanzó un 11,38%. La brecha negativa para el productor ya supera los 3,8 puntos porcentuales en apenas cinco meses. Y la inflación mensual lleva más de diez meses consecutivos acelerando, sin que el precio del capón haya dado señales de acompañar ese ritmo.
TRES AÑOS… MISMO SENTIDO… SIN UNA SOLA EXCEPCIÓN.

EL PROBLEMA NO ES EL PRODUCTOR… ES EL PRECIO QUE LO MIDE
Aquí aparece el núcleo del problema, el que los “analistas del mercado” prefieren no señalar.
El PORMAG no es un índice construido por un organismo neutro con metodología pública y auditable. Es un precio que surge discrecionalmente, en todo caso sobre operaciones de los grandes agentes integrados, aquellos que no solo crían el cerdo, sino que también lo faenan, lo procesan y lo distribuyen.
Para ellos, el precio del capón no es un ingreso sino un costo interno. UNA VARIABLE DENTRO DE SU ECUACIÓN INTEGRADA.
Para el productor primario puro (el que solo cría y vende capones) ese precio es todo. ES EL ÚNICO INGRESO. El resultado de meses de trabajo, inversión en alimento, sanidad, energía y mano de obra.
La asimetría es estructural y su dirección no es neutral, quien fija (o convalida) el precio de referencia es quien compra, no quien vende. Y QUIEN COMPRA TIENE TODOS LOS INCENTIVOS DEL MUNDO PARA QUE ESE PRECIO PERMANEZCA BAJO.
No es una teoría conspirativa. ES LA DESCRIPCIÓN ELEMENTAL DE CÓMO FUNCIONA UN MERCADO CON PODER ASIMÉTRICO ENTRE ESLABONES.
La pregunta que corresponde formular no es por qué el productor primario reclama un mejor precio. LA PREGUNTA ES POR QUÉ EL PRECIO DE REFERENCIA LLEVA TRES AÑOS FAVORECIENDO SISTEMÁTICAMENTE AL QUE COMPRA.

LA TRAMPA DEL ARGUMENTO EFICIENTISTA
Volvamos a Brandolini. El argumento de la ineficiencia tiene una arquitectura muy precisa, NO DICE NADA VERIFICABLE.
No presenta una estructura de costos alternativa. No explica qué productor, con qué escala, con qué acceso a granos propios, con qué integración vertical, puede producir un capón rentablemente a los precios que el PORMAG convalida. SOLO AFIRMA QUE EL QUE NO PUEDE HACERLO ES INEFICIENTE, Y QUE EL MERCADO TIENE RAZÓN POR DEFINICIÓN.
Es un argumento cómodo. Especialmente para quienes se benefician de que el precio del capón permanezca bajo. Especialmente para quienes no tienen que pisar una granja ni pagar una factura de alimento balanceado.
Para refutarlo, en cambio, hace falta precisamente esto, tres años de datos desagregados, comparaciones con el IPC, con el precio de granos, con el gasoil, con el convenio UATRE, con los precios de chacinados en góndola. AQUÍ VEMOS LA LEY DE BRANDOLINI EN ACCIÓN.

LO QUE SE PIDE… Y LO QUE NO
El reclamo del productor porcino primario, no es una intervención de precios. No es un precio político. No es un subsidio.
Es algo más básico y más justo, un ÍNDICE DE REFERENCIA TRANSPARENTE, CON METODOLOGÍA PÚBLICA Y AUDITABLE, QUE PONDERE LOS COSTOS REALES DEL ESLABÓN QUE PRODUCE (maíz, harina de soja, gasoil, energía eléctrica, salarios según convenio UATRE, etc.).
Un instrumento que tienen, en mayor o menor medida, casi todas las cadenas productivas que funcionan en el mundo. UN PRECIO DE REFERENCIA QUE NO SEA PROPIEDAD DE QUIEN COMPRA, SINO HERRAMIENTA OBJETIVA PARA QUIEN VENDE.
Eso no es embarrar la cancha. Es transparencia.
Y la diferencia entre las dos definiciones dice más sobre quién defiende qué intereses que cualquier “análisis de costos sin respaldo”.

LA CONCLUSIÓN QUE LOS DATOS IMPONEN
El productor porcino primario no lleva un año perdiendo. LLEVA TRES. Y en esos tres años, cada variable relevante (inflación, costos de insumos, precios de productos elaborados, etc.) evolucionó en su contra, MIENTRAS EL ÚNICO PRECIO QUE DETERMINA SU INGRESO QUEDÓ SISTEMÁTICAMENTE REZAGADO.
LLAMAR A ESO INEFICIENCIA REQUIERE O IGNORANCIA O MALA FE.
Documentarlo requiere, como Brandolini anticipó, mucho más trabajo.
ESTE ES ESE TRABAJO. LOS DATOS ESTÁN. LA TENDENCIA ES CLARA. LA DIRECCIÓN, INEQUÍVOCA.
LO QUE FALTA NO ES MÁS EVIDENCIA. LO QUE FALTA ES LA DECISIÓN DE LEERLA.

 

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