La Rebelión de los Barones: Los Gobernadores, la Foto Negada y el Precio de la «Gobernabilidad»

La geopolítica doméstica tiene sus propios termómetros, y el que acaba de marcar la temperatura entre la Casa Rosada y las provincias registra una helada: “Hablamos después del 26”. Esa fue la frase concisa, casi un aforismo de la política real, con la que los gobernadores le devolvieron el desplante al Gobierno nacional. El intento de Javier Milei de forzar una fotografía con al menos una decena de mandatarios –buscando la «gobernabilidad» que le exigen en Washington, tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como el Tesoro de los Estados Unidos– se estrelló contra un muro de indiferencia y cálculo político.

Lo que sucede no es un simple capricho provincial, sino la exacta retribución por un año de ninguneos y falta de cintura política. Los barones del interior han tomado nota de un dato fundamental: la imagen del Presidente ha caído en sus distritos y, por lo tanto, la foto con la Rosada no suma, sino que resta en el fragor de la campaña legislativa. La ecuación es sencilla y brutal: el poder que antes residía en la capacidad de la Nación para retacear recursos, ahora se mide en la cantidad de bancas que los gobernadores pueden aportar en el Congreso.

La foto negada es la factura que le pasan a Milei por la soberbia y el desprecio al consenso. La «gobernabilidad» que busca es, irónicamente, la que él mismo dinamitó.

 

El Congreso, los Dólares y el Nuevo Centro de Gravedad

 

El mensaje es claro: la llave del Congreso la tienen los gobernadores. Sus diputados y senadores son las piezas que definen la paridad de fuerzas, y sin esa masa crítica, las «reformas estructurales» prometidas se quedan en el papel. Incluso desde el sector empresario –ese que susurra en los despachos más altos– la queja llega fuerte: «Esperábamos que a los pocos días de regresar ‘bendecido’ por Trump, el Presidente los convocara. No pasó y eso preocupó. Es bueno que vuelva a hablar con Macri, pero el peso lo tienen los gobernadores”, confesó a La Nación un encumbrado referente financiero.

La debilidad de La Libertad Avanza (LLA) en la recta final electoral es el carburante que potencia la posición de los mandatarios. La decisión, casi colectiva y sin necesidad de chats de WhatsApp, de patear la reunión para después del 26 de octubre, marca el punto de inflexión. Es la venganza de los «ninguneados» de 2024 que ahora, con las elecciones encima, pueden darse el lujo de ignorar a la Casa Rosada.


 

Incumplimientos, Desplantes y la Lealtad Traicionada

 

La amargura no es solo institucional. Gobernadores que en algún momento fueron puentes, como el catamarqueño Raúl Jalil o el salteño Gustavo Sáenz, han pasado de la foto protocolar a la queja abierta. «Incumplieron absolutamente todo», ratifican desde el círculo íntimo del salteño, recordando no solo los desplantes en recursos, sino la traición en la política chica: promesas de no presentar listas libertarias que terminaron en cruentas internas provinciales. Sáenz optó por su propia jugada, impulsando a Flavia Royón como senadora, una señal inequívoca de autonomía.

Ahora, ante la crisis política latente, los gobernadores actúan con una inteligencia táctica notable: no aceleran la crisis. «Incluso, se ha levantado el pie del acelerador en el Senado y en Diputados –comenta un dialoguista–. Sin embargo, no podemos resolver los errores de los libertarios. Despreciaron la búsqueda de consenso y ahora quieren que les tiremos un salvavidas”.


 

La Apuesta de Caputo: ¿Recursos por Consensos?

 

En la Casa Rosada, la derrota se admite entre dientes. En el Ministerio del Interior, donde Lisandro Catalán intenta sin éxito retomar el diálogo (junto con Guillermo Francos y el asesor Santiago Caputo), confían en que el verdadero «puente» será Luis Caputo. El ministro de Economía, de regreso de su tour por los Estados Unidos, se sentará en la «mesa política» con la única herramienta que puede destrabar la situación: la chequera presupuestaria.

Fuentes oficiales reflexionan que, aunque no habrá un giro de 180 grados, «hay convencimiento de que se necesita buscar consensos». Es decir, la soberbia debe dar paso al realismo brutal: si LLA no pinta el país de violeta –y nadie, ni el más optimista, lo cree posible–, el Gobierno necesitará canjear recursos presupuestarios por votos legislativos.

El 26 de octubre, entonces, no será solo la fecha de una elección. Será el día en que los gobernadores abrirán la puerta de la negociación, listos para cobrar la factura por la foto negada. El precio de la «gobernabilidad» se está cotizando al alza. Y el gobierno de Milei, que intentó demoler los puentes, ahora se encuentra pagando el peaje para reconstruirlos.

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