Un análisis comparativo
ACLARACION: este análisis no pone en duda la existencia de los sobornos en la obra pública, estos sin dudas existieron. La evidencia acumulada (declaraciones, registros, testimonios cruzados) apunta con fuerza a que así fue. Lo que se intenta visibilizar es el mecanismo por el cual la justicia fue utilizada (y lo seguirá siendo) como herramienta política, el timing de su activación y la forma en que el espectáculo judicial reemplazó a otras noticias urgentes. Que haya habido corrupción real no exime de analizar si el proceso para perseguirla fue legítimo o funcional a otros intereses, es decir fue una decisión política en sí misma.
En noviembre de 2017, el príncipe heredero Mohammed Bin Salman convocó a cientos de príncipes, ministros y magnates saudíes a una reunión en el lujoso Ritz-Carlton de Riad. Nadie sospechaba que el hotel se convertiría en una prisión de cinco estrellas. En agosto de 2018, en Buenos Aires, el juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli citaron a los empresarios más poderosos de la obra pública argentina a declarar en Comodoro Py. Nadie que se negara volvía a su casa esa noche.
A miles de kilómetros de distancia, dos operaciones judiciales con distinto ropaje compartían una lógica idéntica: 1- la amenaza de la prisión como instrumento de presión institucional, y 2- el espectáculo mediático del poderoso caído como señal de un nuevo orden político.
«Quien callaba iba preso, quien confesaba salía. No había elección, solo sometimiento.» — cita textual de un abogado defensor en el juicio oral de la Causa Cuadernos, 2025
La diferencia entre ambos casos no es de método sino de forma.
En Arabia Saudita, el mecanismo fue explícito, torturas documentadas, vendas en los ojos, transferencias de activos firmadas bajo amenaza.
En Argentina, el procedimiento se vistió de legalidad republicana, indagatorias formales, acuerdos de «imputado colaborador», audiencias en juzgados federales.
El punto es que el resultado buscado era el mismo, la confesión pública, el titular de diario, el adversario político deslegitimado.
Riad, noviembre 2017: Mohamed Bin Salman detiene a aproximadamente unos 400 príncipes y empresarios en el Ritz-Carlton (Riad). Firman cesiones de activos a cambio de libertad. Ex funcionarios de EE.UU. lo califican como «CONSOLIDACIÓN DE PODER DISFRAZADA DE ANTICORRUPCIÓN«.
Buenos Aires, agosto 2018, Bonadio y Stornelli citan a los mayores empresarios de la obra pública. Quienes no confiesan quedan detenidos. Varios firman actas ante escribano antes de declarar, admitiendo que mentirán para no ir presos.
Lo que ambas operaciones tenían en común era su función comunicacional. No se trataba únicamente de perseguir la corrupción (objetivo que en ninguno de los dos casos se tradujo en condenas sólidas) sino de PRODUCIR UN ACONTECIMIENTO POLÍTICO CAPAZ DE REEMPLAZAR OTRAS NOTICIAS.
El contexto: En Arabia Saudita, la purga del Ritz desplazó del debate público las guerras de Yemen y la rivalidad con Irán. En Argentina, la Causa Cuadernos estalló en el momento exacto en que el gobierno de Macri negociaba un rescate con el FMI, la inflación superaba el 40% anual y el valor del dólar se disparaba.
El fenómeno tiene nombre, “LAWFARE”. Pero la categoría resulta insuficiente si se limita al plano de la persecución política.
Lo que Riad y Buenos Aires ilustran es algo más profundo, LA COLONIZACIÓN DEL SISTEMA JUDICIAL COMO CONSTRUCCION DE UNA AGENDA UTIL. El proceso penal no produce solo condenas, produce imágenes, titulares, humillaciones públicas. PRODUCE LA SENSACIÓN DE QUE ALGO ESTÁ SIENDO HECHO, un cierto grado de saciedad social.
En ambos casos, la operación dejó heridas duraderas. En Arabia Saudita, la purga generó una desconfianza estructural entre la monarquía y el mundo empresarial. En Argentina, el juicio oral iniciado en 2025 se convirtió en un espejo incómodo, uno tras otro, los empresarios que confesaron en 2018 se retractaron, exhibieron actas notariales y describieron un clima de terror institucional.
La pregunta que ambos episodios dejan abierta es la misma: ¿PUEDE UN SISTEMA USAR SUS TRIBUNALES PARA PRODUCIR NARRATIVAS POLÍTICAS SIN DESTRUIR EN EL INTENTO LA LEGITIMIDAD DE ESOS MISMOS TRIBUNALES?
La historia reciente sugiere que el costo de ese juego siempre se paga, aunque generalmente mucho más tarde.
Alejandro Di Palma
Miembro de IESO
Abril 2026
