Sobra el gas, falta el caño

Mientras el mundo seda el precio del crudo quemando reservas estratégicas, el gas se paga sin anestesia. Argentina (mayor productor de América Latina, importador crónico de invierno) quedó parada exactamente donde más duele.

Hay una asimetría en esta crisis energética que casi nadie subraya y que explica buena parte de lo que vamos a pagar este invierno. Desde la escalada de febrero en el Estrecho de Ormuz, el crudo de referencia se movió mucho menos de lo que la pérdida física de oferta sugiere, así es como el petróleo ronda los 90 dólares, lejos de los 150 / 200 dólares que proyectan las consultoras para un cierre prolongado.

El precio del gas natural licuado (GNL), en cambio, no recibió ninguna piedad, el TTF (el índice europeo que termina fijando lo que pagamos – ver nota) cotizaba a unos 11 dólares por millón de BTU el día antes de la escalada. Hoy ronda los 20, con picos de 22. EL CRUDO SUBIÓ UN TERCIO; EL GAS SE DUPLICÓ.

La diferencia no radica en el humor del mercado, es arquitectura. El petróleo tiene un sistema mundial de reservas estratégicas que un puñado de gobiernos puede liberar de manera coordinada para planchar la cotización, y eso es exactamente lo que está ocurriendo, Estados Unidos drena su Reserva Estratégica a un ritmo que ya la dejó en mínimos de más de dos años, y sus inventarios totales tocaron el piso de 2004. El GNL no tiene nada de eso. No existe una reserva estratégica global de gas licuado, almacenarlo es caro, la flota de buques es finita, y los cargamentos disponibles se subastan entre compradores desesperados. El resultado: EL CRUDO ESCONDE LA ESCASEZ REDUCIENDO STOCKS; EL GAS LA MUESTRA CON CRUDEZA EN SU PRECIO. Y el que importa sin stock propio, “just in time”, paga la crisis entera. Esto último es, sintética y desafortunadamente, este invierno, la realidad que nos toca vivir.

Los números locales lo muestran claramente. ENARSA traerá alrededor de 23 cargamentos, menos que los 27 del año pasado, por un costo que podría trepar a entre 1.200 y 1.400 millones de dólares, el doble de los 698 millones de 2025, por menos gas. La subasta en el MEGSA quedó fijada en torno a los 20 dólares por millón de BTU, combinación del TTF más el costo de regasificación. Y hay un dato político que vale como confesión, el Gobierno que había diseñado la privatización de la importación (un agregador privado en lugar de ENARSA) congeló la reforma en abril y devolvió la operación al Estado por un año. No fue un ataque de ideología, fue el miedo a que un privado convalidara, inclusive, precios más altos aún y la factura política quedara para esta gestión energética.

Mientras tanto, el ajuste ya empezó, solo que no en la góndola del precio minorista sino donde siempre empieza cuando no hay espalda fiscal, en el eslabón más débil. Este año el Estado dejó de absorber la diferencia entre el gas importado y el precio interno; las grandes industrias deben reservar y comprometer volúmenes por adelantado, a valor pleno. El resultado fue inmediato, LA SUBASTA DEL MEGSA COLOCÓ APENAS LA MITAD DEL VOLUMEN OFRECIDO, y Loma Negra, la mayor cementera del país, decidió apagar su horno principal de Olavarría hasta noviembre. Conviene leer esa acción de Loma Negra como lo que es, DEMANDA DESTRUIDA POR PRECIO, EL RACIONAMIENTO OPERANDO CON TOTAL EFICACIA SOBRE QUIEN NO TIENE CÓMO TRASLADARLO. El consumo no se «ordenó», se cortó donde menos resistencia ofrecía.

Y acá llega la parte que debería incomodarnos como país. Argentina cerró el año pasado con superávit energético récord. Vaca Muerta produce volúmenes inéditos (140 millones de metros cúbicos diarios en abril, dos tercios de origen shale) y el sector energético explica el 70% del saldo comercial positivo del país. Somos el mayor productor de gas de América Latina. Y AUN ASÍ IMPORTAMOS GAS EN BARCO A 20 DÓLARES. La explicación cabe en una frase: el gas está en Neuquén, la demanda de julio está en el AMBA y la región centro del país, y el caño que los une no da abasto en el pico de frío. El CEO de Chevron lo dijo sin vueltas, el desafío argentino ya no es geológico, es institucional y de infraestructura.

Conviene entonces hacer la pregunta que el precio de invierno no quiere contestar: ¿qué estamos pagando, exactamente, cuando pagamos 20 dólares? No es la molécula: el gas en boca de pozo de Vaca Muerta cuesta una fracción de eso. PAGAMOS EL FLETE DE UN BUQUE METANERO, UNA REGASIFICACIÓN, EL PÁNICO DE UN ÍNDICE EUROPEO EN GUERRA Y, SOBRE TODO, LA AUSENCIA DE UN CAÑO.

Esa última porción (ausencia de un caño) tiene nombre técnico: ES UNA RENTA DE CONGESTIÓN. Cuando la infraestructura no alcanza, el precio interno se acopla al costo de la alternativa más cara (la importación) y TODO EL QUE VENDE GAS A PARIDAD DE IMPORTACIÓN COBRA UNA DIFERENCIA QUE NINGUNA INVERSIÓN SUYA CREÓ. LA FALLA DE INFRAESTRUCTURA NO ES NEUTRA: FABRICA RENTA, Y LA ASIGNA.

EL PRECIO ALTO DE INVIERNO NO ES UNA SEÑAL LIMPIA DE ESCASEZ DE GAS; ES, EN BUENA PARTE, EL ALQUILER DE UN CAÑO QUE NO SE CONSTRUYÓ.

Hay un dato que vuelve este cuadro todavía más incómodo. Buena parte de la industria está parada por la recesión (que tampoco es un accidente climático, sino que es el resultado de decisiones políticas) y aun así la red no alcanza para abastecer la demanda que queda en pie. Es decir, LA APARENTE ESTABILIDAD DEL SISTEMA NO ES HOLGURA, ES ESTANCAMIENTO. LA RED NO SE EQUILIBRÓ PORQUE SE HAYA AMPLIADO, SINO PORQUE LA DEMANDA SE DEPRIMIÓ HASTA EL NIVEL QUE LA INFRAESTRUCTURA DEFICIENTE PUEDE SERVIR.

Si la actividad se recuperara mañana, el déficit aparecería pasado mañana. LLAMARLE «EQUILIBRIO» A ESO ES CONFUNDIR A UN PACIENTE SEDADO CON UN PACIENTE SANO.

Frente a este nudo, la respuesta oficial fue una abdicación con micrófono. En el Midstream & Gas Day, la secretaria de Energía, María Tettamanti, insistió en que su función es fijar las reglas y que el precio del gas no es asunto suyo. Pero las reglas que fijó (el fin del subsidio al GNL importado, la jerarquía de cortes, la no renovación del Plan Gas) son, ellas mismas, una decisión sobre quién gana y quién pierde. El Estado conserva intacto el poder de cortarle el gas a la industria y al GNC; y se desprende solo de la obligación de garantizárselo, retiene el garrote y devuelve el paraguas. LA NEUTRALIDAD, DICHO DE OTRO MODO, TAMBIÉN ES UN REPARTO. Y EL REPARTO TIENE BENEFICIARIOS ADMITIDOS POR LA PROPIA FUNCIONARIA: LAS PETROLERAS, RECONOCIÓ, «ESTÁN BIEN CON ESTO». CLARO QUE ESTÁN BIEN: COBRAN PARIDAD DE IMPORTACIÓN POR UN GAS QUE PRODUCEN A COSTO DOMÉSTICO, Y LA CONGESTIÓN LES TRABAJA GRATIS.

El problema de fondo es de incentivos, y es estructural. El único actor cuyo interés estaba alineado con la promesa fundacional («Vaca Muerta para abaratar la energía argentina») es el Estado, y es precisamente el que acaba de declarar que no es su rol. El mercado, librado a sí mismo, construye para lo que ve, un sistema congestionado, una demanda interna deprimida y un negocio de exportación con precios internacionales y régimen de incentivos a medida. Nada de eso apunta hacia la energía barata; todo apunta hacia afuera. ESPERAR QUE ESA CONFIGURACIÓN PRODUZCA ESPONTÁNEAMENTE EL CAÑO DOMÉSTICO ES ESPERAR QUE EL AGUA CORRA CUESTA ARRIBA.

La prueba está en cuál caño se construye y cuál no. Southern Energy, con el buque licuador HILLI EPISEYO (ilustración de la nota) frente al Golfo San Matías, ya comprometió 2 millones de toneladas anuales a Europa desde fines de 2027. YPF lidera Argentina LNG, una apuesta de 50.000 millones de dólares junto a ENI y ADNOC que incluye un gasoducto dedicado desde Vaca Muerta hasta la costa patagónica. Reparemos en el contraste, el caño que sí avanza es el que lleva el gas al mar para licuarlo y venderlo afuera; el que falta es el que traería ese mismo gas al AMBA en el pico de julio. Horacio Marín promete que seremos «el sexto o séptimo» exportador mundial de GNL, con ventas por 20.000 millones de dólares al año. Puede que sea cierto, y ojalá lo sea. Pero las fechas importan, el salto grande llega después de 2027, y mientras tanto los analistas coinciden en que seguiremos importando para el pico invernal. EL RESULTADO ES UN PAÍS QUE SE PREPARA PARA EXPORTARLE ABUNDANCIA AL MUNDO MIENTRAS COMPRA ESCASEZ PARA SÍ MISMO, EN EL PEOR MOMENTO DEL CICLO DE PRECIOS.

El cierre conecta con el cuadro global. Estados Unidos puede sedar el precio del crudo porque tiene una reserva que quemar, finita, pero real, y la está quemando a razón de millones de barriles por semana. Argentina no tiene reserva para prestar ni reserva de la cual sacar. Es tomador de precio puro, expuesto dos veces: hoy, al gas, que nadie manipula ni seda; mañana, al despertar del crudo, cuando los stocks del norte toquen el piso operativo que los analistas ubican hacia septiembre. ESE DÍA LA CALMA PRESTADA SE TERMINA PARA TODO EL MUNDO. NOSOTROS NI SIQUIERA LA TUVIMOS, LA NUESTRA FUE SIEMPRE CALMA DE HORNO APAGADO.

Vaca Muerta es real y el superávit es real. Pero un recurso que no llega al quemador en julio es, durante ese mes, casi como no tenerlo. Hace quince años que nos contamos el mismo cuento (que el próximo caño, el próximo buque, el próximo régimen de incentivos va a cerrar por fin la brecha) y todos los inviernos llega el mismo barco con la misma factura, un poco más cara cada vez. La diferencia es que este año el mundo que solía prestarnos calma está ocupado quemando su propia reserva. SOBRA EL GAS, FALTA EL CAÑO.

Y la cuenta, como siempre, llega en el mes más frío.

 

 

Alejandro Di Palma

Miembro de IESO

Junio 2026

 

NOTA: el TTF es el Title Transfer Facility, el mercado mayorista de gas natural de Países Bajos, que funciona como el precio de referencia del gas en Europa (el equivalente gasífero de lo que el Brent es para el petróleo).

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