Lo que se anunciaba bombásticamente como la gran avanzada territorial del peronismo entrerriano contra la gestión de Rogelio Frigerio terminó ofreciendo una postal digna de la más absoluta soledad. Este jueves, la pomposa Liga de Concejales y Concejalas Justicialistas de Entre Ríos se presentó en la Casa de Gobierno en Paraná para exigir audiencias y denunciar «asfixias» presupuestarias, pero la fisonomía de la comitiva delató que, puertas adentro, el interés por la convocatoria estuvo tan devaluado como el peso.
Apenas un puñado de ediles locales y un par de representantes del interior se arrimaron hasta la capital provincial para poner la cara por un documento que, según el libreto oficial, reflejaba «la preocupación de decenas de representantes legislativos de los distintos departamentos». Al final, las firmas en el papel fueron bastante más numerosas que las siluetas humanas que caminaron los pasillos oficiales.
Una «Liga» que cabía en un auto
El despliegue en la capital entrerriana contrastó con la severidad discursiva del texto consensuado el pasado 9 de mayo en Villaguay. Mientras en el plano retórico se habló de «comunidades asfixiadas» y de municipios al borde del colapso operativo, a la hora de marchar y presionar políticamente con presencia militante, el peronismo litoraleño prefirió el home office o la comodidad de las gacetillas de prensa.
La titular del bloque de Paraná, Luisina Minni, tuvo que asumir el rol de anfitriona de un encuentro raquítico en asistencia, donde la «fuerza de choque» legislativa quedó reducida a unas pocas voces. Minni argumentó que el federalismo provincial está dañado y que «la labor de los cuerpos legislativos locales se ve limitada», aunque a juzgar por la convocatoria, la labor de movilización de su propio espacio también encontró severos límites estructurales.
Discursos rimbombantes para un pasillo vacío
Pese a la evidente soledad de la puesta en escena, quienes asistieron ensayaron declaraciones de alto voltaje para intentar disimular las sillas vacías. Judith Cohn, concejal de Villaguay, y Mariela Minaglia, de Victoria, intentaron dar volumen federal a una presentación que careció de músculo político en el territorio paranaense.
A su turno, el edil local Fernando Quinodoz intentó encender la épica militante cargando tintas contra las declaraciones de la gestión provincial.
“Tenemos que alzar la voz por la gente”, fustigó Quinodoz, aunque la voz del bloque justicialista retumbó más por el eco de los despachos vacíos que por el clamor de una dirigencia movilizada.
Un pliego de condiciones de cumplimiento solitario
El petitorio entregado en mesa de entradas —que exige desde un «posicionamiento político contundente» de Frigerio ante la Nación hasta una reforma total de la coparticipación provincial— se leyó casi como una declaración de principios de un espacio que añora viejas épocas de centralidad, pero que hoy no logra coordinar las agendas de sus propios representados para viajar hasta Paraná.
La Liga cerró su documento exigiendo ser reconocida como «un interlocutor válido y permanente para articular soluciones». Sin embargo, tras la deslucida demostración de este jueves en la capital, en los pasillos de la Casa Gris quedó flotando una certeza socarrona: para ser un interlocutor de peso, primero hay que lograr que los propios concejales justicialistas tengan ganas de subirse al colectivo y acompañar el reclamo.
