Por: Sergio Fischer
Si traemos a Nicolás Maquiavelo a la Argentina de 2026 para analizar estas tres estrategias de poder, el florentino no las juzgaría bajo una lente moral (si están «bien» o «mal»), sino bajo la lente de la razón de Estado y la eficacia para conservar el mando.
Para Maquiavelo, el Príncipe debe ser tanto «león» (fuerza) como «zorro» (astucia). Aquí un análisis de cómo vería estas tres herramientas de control social y político:
1. El Plan Cuotas de Menem: La «Estabilidad» como Sedante
Maquiavelo decía en El Príncipe que el soberano debe procurar que sus súbditos siempre tengan necesidad de él y de su gobierno.
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La lectura maquiavélica: El 1 a 1 y las cuotas no fueron solo una medida económica, fueron un mecanismo de dependencia. Al permitir que el pueblo acceda a bienes que antes le estaban prohibidos, el Príncipe genera una sensación de prosperidad que los súbditos temen perder.
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El efecto: El ciudadano se vuelve conservador por temor a que el fin de la «estabilidad» destruya su pequeño patrimonio recién adquirido. Menem entendió que el bienestar material presente es el mejor anestésico para las reformas estructurales dolorosas.
2. El «Platita» de Massa: La «Liberalidad» de corta mirada
En el capítulo XVI de El Príncipe, Maquiavelo advierte sobre la liberalidad (generosidad). Dice que si un gobernante gasta el dinero para ser visto como generoso, tarde o temprano agotará el tesoro y tendrá que ser fiscalmente voraz con el pueblo, lo que le ganará el odio.
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La lectura maquiavélica: El «Plan Platita» es una forma de liberalidad desesperada. Maquiavelo diría que es un error técnico: el beneficio es tan inmediato y volátil que no genera gratitud duradera, solo un alivio momentáneo.
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El veredicto: Para Maquiavelo, el Príncipe debe dar los beneficios «poco a poco para que se saboreen mejor», mientras que los daños deben hacerse «todos de una vez». El «Platita» hizo lo contrario: dio todo junto antes de una elección, revelando la debilidad del soberano y su falta de recursos reales.
3. El «Endeudarlos» de Milei: La disciplina a través del temor
Aquí entramos en el terreno de si es mejor ser amado o temido. Maquiavelo responde que lo ideal es ambos, pero si hay que elegir, es más seguro ser temido.
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La lectura maquiavélica: El endeudamiento (tanto fiscal del Estado como el ajuste sobre el bolsillo privado) funciona como una herramienta de disciplina. Un pueblo endeudado o enfocado en la supervivencia inmediata tiene menos tiempo y energía para la sublevación política organizada.
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La virtud del ajuste: Milei utiliza la «verdad efectiva» (la realidad cruda de que no hay plata) para imponer un sacrificio. Maquiavelo elogiaría la honestidad brutal inicial como una forma de «crueldad bien usada»: hacer el daño al principio para que, con el tiempo, cualquier mínima mejora sea percibida como una bendición del cielo.
Comparativa de Poder
| Estrategia | Herramienta | Objetivo Maquiavélico |
| Menem | Consumo (Cuotas) | Seducción: Crear una burguesía dependiente del modelo. |
| Massa | Dinero (Platita) | Soborno: Comprar la lealtad inmediata en tiempos de crisis. |
| Milei | Austeridad (Deuda/Ajuste) | Dominación: Resetear las expectativas y disciplinar por necesidad. |
Conclusión
Maquiavelo observaría que los tres utilizan la economía como un arma política.
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Menem fue el zorro que sedujo.
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Massa fue el zorro que intentó engañar pero se quedó sin astucia.
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Milei actúa como el león que impone un orden nuevo a través del dolor, apostando a que el temor al caos pasado sea más fuerte que el resentimiento por el ajuste presente.
Para el florentino, el éxito final de Milei no dependerá de si el ajuste es «justo», sino de si logra que el pueblo perciba que, sin ese endeudamiento y sacrificio, la alternativa sería la aniquilación total del Estado. El éxito es la única moral del Príncipe.
